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¿Es Usted Un Siervo Fiel y Verdadero?

 

Esta es una publicación de:
La Iglesia de Dios Eterna

Este folleto es publicado por la Iglesia de Dios Eterna con permiso de los autores. Los autores tienen el acceso total de esta publicación, así como la distribución del mismo. Este folleto no es para la venta. Es provisto de manera gratuita, al público en general como un servicio educacional por los autores y el editor. Ninguna parte de este folleto puede ser reproducido en cualquier forma o formato conocido hasta la fecha o en el futuro, sin el permiso escrito de los autores y el editor.

Traducción: Claudia Cristina Robayo

©Derechos reservados. ®

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    En el evangelio de Mateo se encuentra registrada una lección en la cual Jesús dejó una profunda y muchas veces mal entendida lección acerca de la verdadera grandeza. A semanas de finalizar el ministerio de Jesús, la madre de Santiago y Juan, junto con sus hijos se acercó a Él para hacerle una petición muy especial.

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. (Mateo 20: 20-21)

    El deseo natural de Salomé era que sus hijos tuvieran importantes posiciones en el Reino de Dios. ¿Quién no quiere que sus hijos triunfen en la vida?, ¿Y que más gloria que la de sentarse al lado del Rey de Reyes?
    Pero el deseo de Salomé pudo haber tenido una motivación, que iba más allá del simple amor por sus hijos. Pudo haber pensado que sus hijos estaban mejor calificados para esas posiciones. Veamos cuáles eran las cualidades de estos dos discípulos.
    Santiago, Juan y Pedro estuvieron muy cerca de Jesucristo y fueron testigos de eventos en los cuáles los otros apóstoles no estuvieron presentes.
    La transfiguración, (Mateo 17: 1-19). La visión del reino de Dios, Cuando Jesús resucitó a la hija de Jairo (Mateo 5: 36-43) y en los momentos más cruciales en el jardín de Getsemaní horas antes de su crucifixión. (Mateo 26: 36-37)
    Juan es llamado en las Escrituras el discípulo que Jesús amó, (Juan 20: 2) fue el mismo Juan quien se recostó en el regazo de Jesús y le preguntó por la identidad de quien lo iba a traicionar. (Juan 13: 20-26)
    Santiago, por otra parte fue un elemento importante en el comienzo de la Iglesia del Nuevo Testamento, además fue el primer discípulo martirizado. (Hechos 12: 1-2)
    Santiago y Juan tenían habilidades que los calificaban para ser líderes entre los mismos discípulos. Existen autoridades que piensan que estos apóstoles pertenecían a familias apoderadas y de clase educada. Es interesante que además del apóstol Pablo, Juan sea el autor más prolífico.
    Los escritos de Juan contienen una profunda percepción espiritual que no se encuentra en ningún otro lugar en las escrituras. Juan por ejemplo, comienza su evangelio describiendo a Jesús en su primera venida a la tierra, identificándolo como "El Verbo o Vocero" (Logos: palabra griega). Él declara que el verbo estaba con Dios y era miembro de la familia de Dios.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella (Juan 1: 1-5)

    Juan además menciona el encuentro entre Jesús y Nicodemo y la enseñanza de nacer de nuevo, (Juan 3: 1-8) la descripción detallada de las últimas palabras de Jesús por el camino a Getsemaní (Juan 15 y Juan 16) y la poderosa oración de Jesús momentos antes de su arresto. (Juan 17)
    Las enseñanzas de la relación que existe entre el amor y la obediencia a la ley de Dios, llenan las páginas de los escritos de Juan, de una manera que no se puede comparar con los escritos de ningún otro autor en el Nuevo Testamento.
    La esposa de Zebedeo pensó que sus hijos poseían las cualidades necesarias para compartir el más alto puesto en el gobierno del reino de Dios, por esa razón hizo la petición a Jesús.

Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. (Mateo 20: 21)

La Respuesta del Rey
    Jesús respondió a la petición de Salomé, diciendo que ella no entendía lo que solicitaba, porque la visión de autoridad y poder que tenía era bastante diferente de la compartida por Dios el Padre y Jesucristo.

Entonces Jesús, llamándolos, Dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Más entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo (Mateo 20: 25-27)

    A través de las escrituras Dios enseña la importancia de servir. Con frecuencia Él identifica a los héroes de la Biblia como Sus siervos. ¿Pero a qué se refiere Jesús con la palabra siervo?, ¿Y cómo puede usted saber si está viviendo como un siervo fiel y verdadero delante de Dios?

Un Siervo Dispuesto
    La palabra que aparece en el evangelio de Mateo como "siervo" es la palabra griega "doulous", esta palabra puede ser traducida como "esclavo" o persona que se encuentra en sujeción o subordinación, sujeción voluntaria o involuntaria. Esta misma palabra la utiliza el apóstol Pablo cuando, se refiere a Jesucristo.

Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres… (Filipenses 2: 7)

    Es importante entender que Jesús no fue forzado a ser un siervo, sino que lo asumió voluntariamente.
    Cada aspecto de su vida, incluyendo su crucifixión la hizo sin ningún tipo de coerción. Jesús estaba dispuesto a rendir su voluntad totalmente a la de Su Padre. Sus propias palabras son una prueba de este hecho:

No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. (Juan 5: 30)

    Las palabras de Jesús muestran que Él buscó hacer la voluntad del Padre. Los evangelios proclaman que la vida de Jesús estuvo enteramente dedicada a honrar a Su Padre. En algún momento de Su ministerio, Jesús le dijo a Sus discípulos: "Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra." (Juan 4: 34) Para hacer la voluntad del Padre, Jesús tuvo que sujetar Su propia voluntad a la del Padre.
    La demostración más gráfica de la sumisión de Jesús hacia Su Padre, se vio en la víspera de Su crucifixión. Mientras que se hallaba en el huerto de Getsemaní, oró con gran intensidad, pidiendo a Su Padre que si era posible, removiera esa copa que contenía el horror de su inminente crucifixión, pero dijo: "No se haga mi voluntad, sino la tuya." (Lucas 22: 42). Así Jesús entregó Su vida para que la humanidad fuera reconciliada con el Padre, (Romanos 5: 10) convirtiéndose así en el modelo del siervo perfecto

Campeones de Servicio
   
La Biblia identifica a los hombres y mujeres que obedecieron a Dios y rindieron su voluntad a la de Él. Al haber hecho esto, merecen ser llamados siervos de Dios. Moisés es un ejemplo. El libro de los Hebreos indica que Moisés rechazó los placeres asociados con el poder y eligió el sufrir con los hijos de Israel.

Por la Fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. (Hebreos 11: 24-26)

    Dios vio la actitud de servicio de Moisés y la utilizó de una manera extraordinaria para cumplir Su propósito con Israel. La relación entre Dios y Moisés fue tan especial, que Dios mismo advirtió a Israel, de referirse siempre a Moisés de una manera respetuosa. (Números 12: 7-8).
    Esta actitud de servicio puede verse en los héroes de la fe como Josué, Daniel y David. Cada uno de estos hombres vio más allá de sus dificultades, viviendo sus vidas con base a este propósito. El capítulo 11 del libro de los Hebreos, señala otros grandes héroes de la fe, que rindieron su voluntad a Dios y a Su autoridad sobre ellos. Para ser un siervo fiel y verdadero de Dios, cada persona debe entregar su voluntad a la del Padre. Pero, ¿Cómo?

¿Que es ser un Siervo?
    La Biblia afirma que un siervo es aquél que está sujeto en obediencia a algo o a alguien. El apóstol Pablo ilustra este principio en su epístola a la Iglesia en Roma:

¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte o sea de la obediencia para justicia? (Romanos 6:16)

    Las palabras de Pablo indican que la obediencia es un elemento crítico de un verdadero siervo. En consecuencia, un siervo de Dios es quien obedece y somete su vida a la ley de Dios, y se somete a la autoridad de Dios en su vida.
    No todo aquel que clama ser siervo de Dios lo es en realidad, porque muchos de los que dicen serlo lo son sólo de palabra. Bastantes personas, incluyendo algunos en el ministerio, creen que la obediencia a la ley de Dios no es esencial en el camino cristiano.
    El apóstol Juan advirtió acerca de una falsa cristiandad que la gente practicaría, creyendo que podrían honrar a Dios sin guardar sus mandamientos.

Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es un mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por eso sabemos que estamos en él. (1 Juan 2: 3-5)

    Juan dijo que el amor de Dios se refleja en guardar Sus mandamientos y que Sus mandamientos no son gravosos. (1 Juan 5: 3)
    Jesús también dijo que es posible practicar un cristianismo falso. En el Sermón del Monte, afirmó que no todos los se califican a si mismos de cristianos van a poder entrar en el Reino de Dios.

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ¿Señor, Señor, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mi, hacedores de iniquidad (Mateo 7:21-23)

    La palabra "iniquidad" utilizada por Jesús se traduce mejor como "sin ley." En otras palabras, Jesús dijo que para poder entrar al Reino de Dios, la persona debe someterse a la ley.
    Claramente, aquéllos que la Biblia describe como siervos de Dios obedecen a Dios, conocen sus mandamientos y los guardan, pero para hacerlo, tienen que saber Sus mandamientos.
    Hoy, muchos que se dicen ser cristianos hacen confusa la ley de Dios o la rechazan completamente. Algunos sostienen que cuando Cristo vino, abolió los mandamientos. Otros creen que la ley sólo fue aplicable en el Antiguo Testamento y la gracia libera a los cristianos de guardar los mandamientos de Dios.
    Un reconocido ministro de una iglesia con membresía en todo el mundo, burlándose de la ley de Dios dijo que era: “como la paja en un tabique de un gran edificio.” En otras palabras, está ahí, pero no quiere decir mucho. La opinión de Jesús acerca de la ley de Dios, era completamente diferente.
    Cristo en el Sermón del Monte, lo expresó de la siguiente manera:

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. (Mateo 5: 17-18)

    El evangelio de Mateo menciona un suceso, en el que un hombre se acerca a Jesús preguntándole: "Maestro Bueno, ¿Qué bien haré para tener la vida eterna?" y Jesús respondió diciendo " Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos." (Mateo 19: 17) Jesús creyó y obedeció los mandamientos y es claro que aquellos que son siervos fieles y verdaderos creen y obedecen la ley de Dios.
    La clave para obedecer la ley de Dios es verla como es - un gran código moral que no sólo define el pecado, sino que define el amor. (Mateo 22: 36-40; Romanos 13: 10) Los grandes héroes en la Biblia amaron la ley de Dios. El Rey David expresó esa clase de amor cuando dijo, "Tu Ley es mi delicia." (Salmos 119: 174)

El Trabajo de un Siervo
    Los siervos fieles y verdaderos de Dios, honran Su palabra y Sus mandamientos y hacen Su voluntad. En una ocasión Jesús les dijo a Sus discípulos, "Me es necesario hacer las obras del que me envió." (Juan 9: 4) Antes, Jesús había dicho que debía no sólo hacer la voluntad del Padre, sino tenía que "terminar Su obra." (Juan 4: 34).
    Jesús tenía una obra que llevar a cabo. Esa obra incluía revelar al Padre (Mateo 11: 27), predicar el evangelio del Reino de Dios (Lucas 4: 43), establecer su Iglesia (Mateo 16: 18), llamar a los pecadores al arrepentimiento (Lucas 5: 32), confirmar las promesas hechas a los padres (Romanos 15: 8), y redimir al hombre de las consecuencias del pecado. (1 Juan 3: 5) Estas son sólo algunas de las cosas que le fueron encomendadas a Jesús por obra. A través de Su vida, Jesús hizo la voluntad y la obra de Su Padre y Sus siervos fieles y verdaderos tienen que hacer lo mismo

¿Cuál es La Obra?
   
A través de la historia, a los siervos de Dios se les ha dado una obra para llevar a cabo. A Noé le fue ordenado predicar justicia y construir un arca para proteger su vida de un gran diluvio. A Abraham le fue ordenado dejar Ur de los Caldeos e ir a una tierra que sería la casa de Israel.
    A Moisés le fue ordenado llevar a Israel a la tierra prometida lejos de Egipto y de construir una nación bajo la ley de Dios. A Josué le fue ordenado dirigir a Israel hacia la tierra prometida. Y a Esdras y Nehemías les fue ordenado ser parte de la construcción del templo de Dios.
    A los profetas les fue ordenado clamar en voz alta y acusar a Israel y a Judá por su desobediencia y proclamar el destino final del pueblo de Dios. A Juan el Bautista le fue ordenado predicar el bautismo del arrepentimiento, para remisión de los pecados y preparar el camino de la venida del Mesías. Todos los siervos de Dios han tenido una obra que hacer y esa obra continúa hasta el día de hoy.

Jesús Deja una Obra por Hacer
   
Durante Su vida en la tierra, Jesús tuvo una misión específica. Las escrituras confirman que Jesús terminó esa obra. Poco antes de Su arresto en el huerto de Getsemaní oró a su padre diciendo:

Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. (Juan 17: 4)

    Las últimas palabras de Jesús en la cruz antes de entregar Su espíritu a Dios fueron: "Consumado es." (Juan 19: 30) declarando que Él había finalizado con éxito la obra que su Padre le había encomendado.
    Aunque Jesús finalizó la obra que Dios le encomendó, también dejó una obra a Sus apóstoles y a quienes llegarían después de estos. Esta obra continuaría hasta el día de Su regreso a la tierra: "Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así." (Lucas 12: 43).

Una Doble Misión
    Las escrituras revelan las dos grandes comisiones que Jesús dejó a sus discípulos antes de ascender al Padre. La primera misión fue la de predicar el evangelio del Reino de Dios como testimonio a todas las naciones, confirmando así que el Reino de Dios no sería restaurado en la tierra hasta que esta misión fuera terminada.

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin (Mateo 24: 14)

La predicación del evangelio del reino de Dios por los apóstoles comenzó el día de Pentecostés en el año 31 d.C. (Hechos 2) y continuará hasta la aparición de los dos testigos que tendrán gran poder y testificarán contra las naciones de la tierra. (Apocalipsis 11: 3-6)

Apacienta Mis Corderos
   
La segunda misión era apacentar al rebaño. El Evangelio de Juan revela que después que Jesús fue resucitado, se encontró con Sus discípulos y les dio instrucciones específicas sobre la obra que debían hacer. Jesús se dirigió a Pedro diciéndole que si realmente lo amaba, cuidaría de los hijos de Dios.

Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: ¿me amas? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. (Juan 21: 15-17)

    Con las palabras "apacienta mis ovejas", Jesús anunció la segunda gran misión dada a Sus siervos del Nuevo Testamento. El pueblo de Dios necesita ser alimentado, para así poder sostenerse en el camino cristiano. Cuando el apóstol Pablo, le escribió a la Iglesia en Roma, dijo: "La fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios." (Romanos 10: 17) Es por eso que Dios estableció el ministerio y su misión es edificar a los santos, Al pastorear al pueblo de Dios, Sus siervos preparan al pueblo para el futuro Reino.

¿Cómo Es Que Sirven Ellos?
    Es importante entender que aquéllos que han sido llamados siervos de Dios no son simplemente líderes de Su pueblo. La familia entera de Dios es una familia de siervos. Él inclusive diseñó dentro de Su Iglesia una relación simbiótica, en la cuál, cada uno de Sus hijos podría verse afectado mutuamente, y esto afectaría a todo el cuerpo profundamente.
    Es por esta razón que Él estableció una serie de posiciones dentro de Su Iglesia. El apóstol Pablo se refiere a la Iglesia como bien concertada y unida entre sí (Efesios 4:16).
    Los siervos de Dios son los que aprovechan las oportunidades para servir y reflejar el futuro reino de Dios. Mientras que algunos predican el evangelio como testimonio, otros a través de diezmos y ofrendas ayudan a que el evangelio sea predicado, otros ungen a los enfermos con aceite, otros oran por los enfermos y dan palabras de ánimo, otros enseñan la palabra de Dios y otros visitan a las viudas y a los huérfanos.
    Dios ha hecho posible el servir, para que cada uno de Sus hijos refleje el propósito y el deseo que Él tiene con toda la humanidad. Aquéllos que genuinamente desean servir, encuentran oportunidades para hacerlo y al hacerlo, reflejan la intención de Dios para toda la humanidad.

Un Ejemplo de Servicio
    Siempre es importante entender que Dios no solamente quiere que Sus hijos “paguen y oren.” Él desea que sus hijos tengan un papel activo sirviendo a las necesidades de Su familia, que es la iglesia. Veamos como Dios describe la religión verdadera

La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. (Santiago 1: 27)

    Jesús una vez dijo que si alguien daba un vaso de agua fría a uno de sus hijos, esto no pasaría desapercibido por el Padre, (Mateo 10: 42) afirmando que no habría un acto de bondad que Él y el Padre no considerarán valioso. Existen muchas maneras en que los hijos de Dios pueden servir a Su pueblo.
    Había una mujer que vivía en la costa oeste con su familia y a duras penas lograba conseguir lo del diario. Físicamente, esta madre y esposa no estaba bien. Ella se encontraba en condición delicada con dolores constantes. Alguien se preguntaría: "¿Qué podría hacer esta mujer para servir a otros?", sus recursos tanto físicos como financieros eran obviamente limitados, pero esta hija de Dios tenia dos cualidades extraordinarias: 1. Era muy talentosa, 2. Tenia un corazón lleno de esperanza. Armada con estos dos talentos comenzó a hacer hermosas tarjetas y ha escribir cartas de ánimo para las personas alrededor del mundo. Las tarjetas llevaban una caricatura y algo de humor, como si la caricatura misma lo estuviera expresando, junto con la tarjeta incluida una carta con palabras de ánimo y de esperanza. A través de los años, esta dama envió miles de tarjetas de esa manera.
    Este fue un acto de servicio, sencillo pero fue una noble ofrenda a Dios que fue profundamente apreciada por aquellos que la recibieron. Esta es una de las miles de historias donde los hijos de Dios sirven de acuerdo a Su voluntad.

El Corazón De Un Siervo
    Para reflejar una actitud de servicio que vaya de acuerdo a Dios, se debe tener el corazón de un siervo que exprese una verdadera preocupación por los demás. El apóstol Pablo, en su epístola a la Iglesia de Filipo, lo expresa así:

Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. (Filipenses 2: 3-4)

    Esta actitud de interés genuino por los demás, en una señal de lo que es ser un siervo fiel y verdadero, por que no lo hace por su propio beneficio, sino por amor. Pablo lo describe a la Iglesia de Corinto de la siguiente manera:

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece (1 Corintios 13: 4)

Una lección de Juan el Bautista
   
Juan el Bautista es uno de los grandes héroes del Nuevo Testamento. Su gran devoción a Dios y a Su camino se reflejó en sus palabras y en sus obras. Uno de los más grandes ejemplos de humildad y servicio registrado en las escrituras, fue presentado por Juan.
    Durante el comienzo del ministerio de Jesús, algunos discípulos de Juan vinieron a él lamentando que Jesús atraía más seguidores que Juan.

Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él. (Juan 3: 26)

    Cuando Juan escuchó esto, su respuesta no fue el formular alguna estrategia para combatir la nueva competencia que aparecía. Por el contrario, Juan reconoció que era el tiempo en el que su importancia y su papel menguarían, para que los de Jesús aumentaran. Juan también reflejó un sentido de gran gozo por las noticias que habían traído sus discípulos.

Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, sino le fuere dado del cielo. Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe. (Juan 3: 27-30)

    Estas palabras muestran con claridad que Juan no tuvo interés en ser reconocido, sino en sujetarse a la voluntad de Dios.

La Actitud de un Siervo
   
Es triste, pero muchos de los que hoy se llaman así mismos siervos de Dios y que logran alcanzar posiciones de gran poder, exigen ser servidos. Palabras como gobierno y autoridad son utilizadas no para la edificación de los santos, sino para subyugarlos. Esta práctica fue muy común entre los fariseos durante la vida de Jesús.
    Días antes de su crucifixión, Jesús mostró indignación ante la arrogancia de estos religiosos que "aman los primeros asientos en las cenas y las primeras sillas en las sinagogas." (Mateo 23: 6) Jesús afirmó que la verdadera grandeza se define con la humildad y el servicio y que llegaría el tiempo, en el que los que se exaltaban serían humillados y aquellos que se humillarán serían exaltados. (Mateo 23: 11-12)

Una Lección de Grandeza
   
Al atardecer antes de su crucifixión, Jesús se encontró con Sus discípulos y guardó Su última Pascua con ellos. Cuando se sentaron a comer, los apóstoles comenzaron a discutir sobre cual sería el más grande entre ellos.
    Esta no era la primera vez que los discípulos tenían discusiones acerca de quien era el más grande. Como se explicó con anterioridad, Santiago y Juan pidieron la ayuda de su madre para presentarse delante de Jesús y que les permitiera sentarse a Su lado en el reino (Mateo 20: 20-21)
No es fácil imaginar cuan desagradable fue esta actitud para Jesús y en las horas finales de su vida utilizó este altercado para enseñar un poderosa lección de grandeza.

Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; as no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Más yo estoy entre vosotros como el que sirve. (Lucas 22: 25-27)

    Después de hablar estas palabras, Jesús se envolvió una toalla a su alrededor, tomó agua en una vasija y arrodillado lavo los pies de sus discípulos, (Juan 13: 5). Jesús luego les explicó a Sus discípulos de que manera Sus seguidores debían comportarse como siervos.

Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque los soy. Pues si yo, el Señor y Maestro he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que lo envió. (Juan 13: 13-16).

    El acto de lavar los pies a Sus discípulos, expresa por mucho como Dios ve la grandeza. Mientras que el hombre ve como grandes a aquéllos que son servidos, Dios ve la grandeza en quienes sirven. La actitud de Jesús de humildad y servicio se reflejó en su deseo de consolar a todos los que tenían una vida llena de dificultades:

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas (Mateo 11: 28-29).

Siervos de Nuestro Dios
   
¿Quienes son los siervos fieles y verdaderos de Dios? Son aquellos que rinden voluntariamente su obediencia a Dios, que aman Su ley, y honran Sus mandamientos y como siervos, dedican sus vidas a terminar la obra que Dios les ha encomendado.
Estos hijos de Dios tienen un corazón dispuesto a servir. No buscan su propia gloria y honra, y estiman a los demás como superiores a ellos, buscan seguir el ejemplo de Dios día a día.
    El siervo fiel y verdadero verá su función no como una tarea, sino como una posición de honor y distinción. Ellos no sólo son siervos ahora, sino que aspiran a ser siervos en el Reino de Dios.

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